jueves, 18 de septiembre de 2008

Una tarde de invierno...



Desperté. No sé cuanto tiempo habría estado allí tirada. Ya había amanecido. Bueno, al menos había dormido las ocho horas reglamentarias. Intenté levantarme, lo que inmediatamente después supe que era imposible. La cabeza me iba a explotar, llena de flashbacks. Sin embargo, la notaba ligera como una pluma. Recordaba haber estado con Susan en la fiesta... y que alguien se la había llevado. A partir de ahí todo en blanco... como el lugar donde estaba ahora. ¿Cómo no se había dado cuenta antes? Estaba rodeada de nieve, tan fina como la sal, que se derretía ante el calor de su cuerpo. Desde luego estaba segura de que no habíamos llegado andando desde Texas hasta donde quiera que estuviéramos ahora. Miró a su alrededor. Un sólo arbol revelaba signos de vida a su alrededor. Se acercó como pudo a él cuando vió algo extraño. Dos ruedas de todoterreno estaban a los lados de donde ella estaba durmiendo. Segurameero eso no le dejó de inquietar. Miró hacía el lugar donde había despnte habría pasado antes, pertado y entonces lo comprendió todo. Los flashbacks, el dolor de cabeza y sobretodo, la ligereza de su cabeza. Nunca había pensado en esas cosas a pesar de haberlas leído en muchos libros, no se había imaginado que todo eso fuera realidad. Así que era verdad que el alma salía del cuerpo. Me arrastré o más bien, deslicé hasta el lugar de los hechos. Miré hacía abajo para ver mi yo espiritual Quizá incluía luces resplandecientes o algo así. Pero era exactamente igual a antes, sólo que ligeramente más transparente. Sinceramente, no sabía si llorar o poner una demanda a Dios. Opté por no hacer nada y me arrodillé ante mi cuerpo. Era realmente extraño mirarte tendida en la nieve. Ver mi pelo castaño oscuro revuelto, con los mechones entre la nieve. Había sangre alrededor de mi estómago...que evité mirar. Miré mis brazos, que ahora veía tan finos, mis pechos pequeños y mis ojos abiertos de la sorpresa. Creo que no habría ni una sola lágrima si no me hubiera visto los ojos. Era verdad que eran iguales a los de su madre, del verde del bosque. Después de pensar eso, dos lágrimas cayeron en mi cara. Un flashback de nuevo.

Estábamos en un lugar totalmente diferente. Había césped por todos los lados y un grupo de personas hablaba cerca de un coche. El resto seguían bebiendo y esnifando cocaína, celebrando el inicio de la facultad. Me acerqué al grupito de personas del coche. Estaban sus asesinos. Inmediatamente después surgió una rabia en el corazón de mí que me impulsó a atacarlos. Me deslicé más rápidamente, aún sabiendo que estaba en un recuerdo y que no estaba, por así decirlo, en condiciones de atacar. Estaba llegando cuando uno de ellos, el moreno, me miró a los ojos e, instantes después, sentí una voz en mi mente: "Escóndete tras un árbol y escucha". Sus ojos reflejaron un color azulado a pesar del oscuro de sus ojos. Su voz era cálida y aterradora a la vez y, aunque tuve tentaciones de pasar de él, hice lo que me pidió.

- Somos peligrosos, Keisa - dijo el alto y rubio. Creo que se llamaba Leo
- Todo es peligroso esta noche - contestó mi otro yo. Ya estaba borracha según podía ver.
- Creo que deberíamos irnos ya, Seth - interrumpió el que me había hablado.
- Llevadme con vosotras, hay Keisa para todos - dijo mi cuerpo, dando un beso al rubio.
Vale, eso ya estaba sobrepasando los límites de la normalidad.
- No creo que haya problema en que se una a nosotros, ¿no crees? - intervino de nuevo el rubio. - Al fin y al cabo, nos estamos quedando sin hembras.
¿Eh? Sin hembras... ¿de qué estaba hablando?

Pero, por desgracia, poco a poco todo se volvió cubrió de neblina. Lo primero que me vino a la cabeza es que se parecía a las películas de la televisión, lo cortaban en los momentos esenciales. Sacudí la cabeza, tenía que pensar.

Entonces sus asesinos la habían advertido de que eran peligrosos, claro que ella no les había echo caso. Era su última fiesta antes de la universidad, peligroso era igual a diversión. Seguí llorando amargamente. La universidad, los chicos, todo eso había perdido por un momento de placer. Había perdido a su familia. Iban a sufrir mucho y sólo porque una estúpida se había ido con los tíos más buenorros de la fiesta ante la mínima propuesta de ellos. No se perdonaría jamás el haber hecho tal daño a su familia...Eso era en esos momentos porque ¿acaso podría yo saber en ese instante que de quien me preocupaba era de las personas equivocadas?


créditos: http://oguzceng.deviantart.com/art/m-e-m-o-r-y-98281921